Vivimos un momento de saturación informativa. Pero hubo un tiempo en que los noticieros eran el lugar donde uno acudía para entender el mundo. Si tuvieras el poder de decidir la escaleta del informativo con más audiencia del país, ¿qué historias o temas escogerías?”
Pues ahora mismo, Estados Unidos y todo lo que está pasando con las infames patrullas de inmigración. Epstein, que no entiendo por qué no está en todas las portadas todos los días. Y la violencia machista, los crímenes machistas. Los datos son escalofriantes: en lo que va de año en España, las cifras son récord.
—Efectivamente, al tiempo que transcribo esta entrevista, una mujer de 33 años ha sido apuñalada hoy mismo a manos de su expareja, un desgraciado que había sido detenido el día anterior por incumplir la orden de alejamiento impuesta sobre la víctima. El feminicidio ha ocurrido a plena luz del día en un pueblo de Cataluña.—
¿Qué tiene que tener una historia para que merezca la pena ser contada?
Creo que en cualquier esquina, en cualquier banco de Madrid, hay una buena historia. Por eso defiendo tanto el periodismo de calle, el reportaje.
Tengo mucha suerte porque no hago noticias de un minuto o minuto y medio para un informativo. Muchas veces pensamos un reportaje a partir de un gran titular y luego descubrimos que, dentro de una historia aparentemente pequeña, hay algo enorme. O vamos a grabar un tema con varios protagonistas que creemos que van a sostener el relato, y de repente una entrevista pequeñita, alguien que te encuentras en la calle, termina convirtiéndose en el eje central.
Nos pasó en Estados Unidos con el tema del fentanilo. Llevábamos todo súper producido y, de repente, la historia de tres chavales toxicómanos de veinte años a los que me encontré en una esquina, paseando por la calle, acabó siendo la mejor historia de todo el reportaje. Creo que eso lo aprendí de Callejeros: tienes que estar muy atento, con cuarenta mil ojos, porque una buena historia puede estar en cualquier parte.
Me gusta que destacas el valor de las historias aparentemente pequeñas. ¿Por qué son tan necesarias?
Porque ahí está lo que hay detrás de las cifras. Es como cuando te dicen cuántos asesinatos machistas ha habido en los últimos días y te quedas en el dato, en la noticia. Pero de repente hablas con el hijo o con la hermana de una de esas personas y ahí es donde realmente está la historia.
Al final, creo que a todos nos interesan las vidas de los demás. Igual que estamos hablando tú y yo, o la historia de este camarero, o la de este señor. Si ahora mismo pusiéramos la oreja, seguramente todas las conversaciones que están ocurriendo aquí al lado serían muchísimo más interesantes que un gran titular.

¿Y qué historía crees que te queda por contar?
Pues ya estoy pensando en los temas de la próxima temporada. A mí me interesan mucho las cárceles y llevo tiempo intentando entrar para denunciar la situación de las cárceles de El Salvador con Bukele. También me habría encantado entrevistar a Gisèle Pelicot.
Hay cosas que me interesan mucho, pero tampoco soy una periodista de conseguir entrevistas con gente muy conocida o famosa. Me atraen más otro tipo de historias. Me interesa más conseguir acceso a sitios complicados, lugares a los que muchas veces solo puedes entrar después de meses insistiendo. Arabia Saudí, por ejemplo. O Cuba; me encantaría ir a Cuba y hacer un reportaje.
No me interesan tanto los personajes. Aunque bueno, eso sí: me habría encantado entrevistar a Robe Iniesta, el de Extremoduro. complicados que muchas veces necesitas muchos meses, por ejemplo entrar a Arabia Saudí, o a Cuba, me encantaría ir a Cuba y hacer un reportaje. Pero no tanto personas o personajes. Ah, eso sí, me hubiese encantado entrevistar a Robe Iniesta, el de Extremo Duro.
Gracias al programa Encarcelados, lograsteis cambiar realidades, ¿crees que ese es el objetivo del periodismo, o es un grato efecto colateral del mismo?
Creo que uno de los objetivos del periodismo que yo hago es, por un lado, denunciar injusticias o sacar a la luz cosas que normalmente no se ven. Y que eso movilice a la gente que lo está viendo. En algunos casos —pocos— también moviliza a las administraciones y a los gobiernos.
En Encarcelados, por ejemplo, conseguimos que muchos presos españoles que estaban en cárceles de Perú fueran trasladados a España, que los extraditaran. A veces sí se consiguen cosas.
Yo sigo creyendo, después de tanto tiempo haciendo esto, que el periodismo puede cambiar y mejorar realidades.
Y como profesional de la información, ¿qué pregunta no harías nunca?
Yo creo que preguntas morbosas.
O, si estás entrevistando a alguien que ha sufrido una desgracia, no meter el dedo en la llaga. Se puede preguntar de una manera elegante, sin buscar el morbo, como hacen muchos programas de sucesos.
Yo no podría. Me acuerdo de cuando era muy joven y trabajaba en un programa semanal de actualidad. La coordinadora que tenía en aquel momento me dijo: “Ve al tanatorio para hablar con los familiares de las víctimas”. Y mentí. Dije: “Sí, he ido, pero no quieren hablar”. No se me ocurriría ir.
Realmente, tratando muchos de vuestros temas podrías caer en el morbo, ¿cómo lo haces para evitarlo?
Sí, tengo mucho cuidado, y cada vez más. Antes trabajaba para productoras más grandes; ahora tengo mi propia productora, así que soy yo quien decide la última versión del reportaje que se emite. Con estos temas intentamos ser especialmente cuidadosos porque es verdad que pueden dar pie al morbo.
También creo que siempre he sido muy natural haciendo preguntas, y quizá por eso la gente me cuenta cosas. Más que una entrevista, suele ser una charla, como la que estamos teniendo tú y yo. Y me da igual tenerla con un narcotraficante, un toxicómano o un ministro.
Otorgas el mismo valor a todas las personas…
Sí. Al final, mi escuela fue Callejeros, y ahí fue donde aprendí todo. Una de las normas del programa era: “Trata igual a un cura que a un yonqui”. Ahí me curtí muchísimo en la calle.Y luego, joder, hay algo muy básico: ser educado. Da igual que seas periodista; al final estás hablando con otra persona. A la gente le gusta que vayas con la verdad por delante, y también con las cámaras por delante.
Yo empecé en una época en la que todavía se hacían cámaras ocultas, y las odiaba. Estabas mintiendo a esa persona. Ahora trabajamos siempre con equipos muy pequeños y cámaras chiquititas, casi de estar por casa, y la relación con el entrevistado termina siendo distinta. Solemos viajar dos cámaras y yo; dependiendo del país, a veces necesitamos un fixer, pero, en general, soy partidaria de que cuantas menos personas, mejor.

¿Y empezaste tu propia productora para…?
Para hacer lo que me dé la gana. (Ríe).
Al principio monté una productora pequeñita, pero producía junto a otra más grande, que era la que me financiaba, la que ponía la pasta, básicamente. Aun así, me daba bastante libertad. Y esta última temporada ya la he hecho completamente por mi cuenta.
Enhorabuena. ¿Has notado la diferencia?
Sí. Al final, ya no tengo más intermediarios que la cadena y yo. Y la cadena, en estas nuevas temporadas, es una maravilla: les encantan los temas, estamos muy en sintonía.
Cero problemas. Porque lo que realmente te fastidia es que te cambien cosas. Pero, sinceramente, cuando me sugieren algo, yo creo que aporta.
Qué bueno, al final te mueves en un terreno complicado, ¿Surgen algunas inseguridades?
Mogollón.
¿Sí? (Exclamo, sorprendida)
Bueno, o sea, las audiencias. Porque al final depende de que te renueven el programa, si haces un buen dato o si no haces un buen dato.
Cada vez me lo tomo mejor, pero hay mucho en juego y aunque la cadena apueste por mí, por mi equipo y por el programa y está funcionando bien, pero de repente pues te pone en contra un supervivientes y haces una mierda de audiencia y no te renuevan. Entonces me entra el acojono enorme el día anterior a emitir cuando me levanto por la mañana y veo el dato, eso sí me crea una inseguridad y un miedo importantes.
¿Te planteas en un futuro pasarte a alguna plataforma?
Sí. Ahora estoy súper contenta en Mediaset [grupo audiovisual propietario de varios canales de televisión en España] y creo que todavía me queda tiempo allí, pero me encantaría dar el paso de no estar delante de la cámara. Poder liderar equipos y hacer reportajes o documentales en esta misma línea, pero desde otro lugar.
Me apetece dirigir. Hay gente joven buenísima y creo que es importante dar oportunidades. También me gustaría desarrollar proyectos más largos, tener más tiempo y no hacer tantos reportajes en tan poco tiempo. Al final, hago ocho reportajes en menos de un año. Me encanta y me lo paso fenomenal pero el ritmo de viajes es tremendo. Ahora cuando llevo un tiempo en casa, mis hijos ya me preguntan: «¿Mamá, cuándo te vas?».
Quizá me gustaría hacer tres proyectos al año o un gran documental, y no estar presente en todas las grabaciones. Me estoy dando cuenta de la cantidad de talento que hay entre la gente joven, tanto en redacción como en producción. Hay profesionales extraordinarios y creo que deben tener espacio para crecer porque, al final, siempre estamos los mismos.Sé que todavía me quedan algunos añitos haciendo cobertura, pero mi objetivo es vender proyectos a plataformas y no tener que estar delante de la cámara. Al final vivir de un solo programa y yo sola es muy agotador.
Y con tantas historias de las que te empapas, ¿Consigues separar y conciliar?
Es imposible separarlo del todo. Sí intento, cada vez más, no llevarme las historias a casa porque, si no, sería inviable. Trabajamos con temas muy duros y con personas que cargan con muchísimos dramas.
Pero no puedes pasar tiempo con alguien como Juana —nos fuimos con ella a Perú para acompañarla a buscar el cuerpo de su hijo— y después olvidarte. O Ramón de Pitis, con quien sigo teniendo relación. Hay muchas personas por las que continúo interesándome después.Intento que no ocupe todo mi espacio mental, pero es imposible desentenderte porque son personas que te están confiando momentos muy importantes de su vida.Yo no separo. Soy periodista todo el tiempo. También ocurre con la búsqueda de historias. Ahora mismo estoy aquí contigo y, si de repente veo algo que me llama la atención, no dudo en levantarme, hablar con quien sea, pedirle el teléfono y llamarle más adelante.
¿Crees que hay una sensibilidad diferente entre periodistas mujeres y compañeros hombres?
No lo sé, no te podría decir. Yo, desde luego, sí tengo una sensibilidad determinada, tiene que ver con mi forma de ser y también con mi manera de hacer periodismo.
Paso mucho tiempo en la calle, luego mucho tiempo editando y, después, sigo en contacto con las personas para saber si las cosas han cambiado. Por ejemplo, acabamos de hacer un reportaje sobre unas ultraviviendas y, antes de emitirlo, llamo para preguntar cómo sigue la situación, cómo están las casas.
Me resulta imposible desentenderme. Quizá un periodista de informativos termina una historia y al día siguiente ya está trabajando en otra. Yo no. Tengo el teléfono lleno de contactos de personas que han aparecido en mis reportajes. Prácticamente todos los días intercambio mensajes con alguien a quien he entrevistado. Sigo manteniendo relación con muchas de esas personas.
Me gusta mucho en tus programas como te desplazas a Venezuela, Japón, Estados Unidos… pero no dejas de lado lo que sucede aquí.
Intentamos hacer mitad y mitad. Es verdad que esta temporada hemos hecho muchos reportajes fuera, pero a mí lo local me encanta. Creo que eso también me viene de Callejeros.Aquí hay auténticos temazos. Hemos hecho uno en Villaverde esta temporada que es de mis favoritos.
¿De qué va?
Es un conjunto de bloques de viviendas que creó Franco para los trabajadores que llegaban a Madrid desde otras provincias. Mucha de esa gente vivía en “la mierda”. ¿Has visto El 47, la peli?
Pues aquí se construyeron unas viviendas experimentales —por eso se llama Colonia Experimental— para acoger a esas familias y evitar que vivieran en tiendas de campaña.
Son casas de entre veinte y treinta metros cuadrados y es que esos edificios siguen exactamente igual a día de hoy. Y yo no he visto nada parecido en España.
Las calles siguen sin asfaltar. No son chabolas, son bloques de edificios con más de cuatrocientas viviendas, pero los edificios se están cayendo a trozos. Llevan años entre trámites con la Comunidad de Madrid, el Ministerio de Vivienda y el Ayuntamiento, mientras los pisos continúan deteriorándose, se van a caer.
Hay arquitectos que ya están advirtiendo que la situación es insostenible. Nosotros hicimos un retrato de la vida dentro de esos bloques: niños con problemas respiratorios, personas mayores que no pueden bajar las escaleras, calles sin asfaltar...
Es uno de esos lugares que tienes aquí al lado y que te hacen llevarte las manos a la cabeza. Piensas: qué vergüenza que las administraciones permitan que haya personas viviendo en estas condiciones. Infraviviendo.
A mí este tipo de temas me encantan. Son historias locales, están aquí, pero con una denuncia social bestial.
¿Qué otro tema destacarías de esta última temporada?
Hemos entrado en una de las cárceles más estrictas del mundo, en Tokio. Allí hay ancianos que cometen pequeños robos para que los detengan y los envíen a la cárcel. Lo hacen para no estar solos, para escapar de la soledad no deseada y para garantizarse tres comidas al día porque sus pensiones no les alcanzan.
O sea, las cárceles se han convertido en geriátricos. Durísimo, un tema durísimo.
También hemos hecho otro reportaje en Japón sobre los “Toyoko Kids”, adolescentes sin hogar que viven una situación dramática. Desde fuera parecen una tribu urbana, pero detrás hay menores de edad que han sido abandonados o ignorados por sus familias y que terminan viviendo en la calle.
Estamos hablando de niños de catorce, quince o dieciséis años que han acabado drogándose, prostituyéndose, y con unos problemas de salud mental muy graves, a menudo acaban en suicidio. Japón está intentando abordar la situación porque se les ha ido de las manos. Hay una crisis enorme relacionada con la soledad y los suicidios entre los jóvenes.
Muchos de ellos comparten contenido en redes sociales, se ha puesto como de moda el suicidio, es un drama muy profundo, de esos que te dejan tocada.
[En este punto, y como supuesta entrevistadora, me quedo sin palabras ni guion. Esto es más bien una charla entre colegas y hablamos sobre qué hace falta para construir un reportaje de los que Alejandra firma: tiempo, recursos, confianza y una enorme curiosidad por las personas.]
Sin tiempo es imposible. Vuelvo a mi escuela, Callejeros. Había días que no grabábamos nada; solamente íbamos allí. Nos confundían con polis de paisano. Nos tirábamos tiempo en un barrio y no sacaba la cámara hasta que no nos habíamos tomado una cerveza con este, otra con aquel...
Tiempo para encontrar las historias. Primero te tienes que situar. Yo, cuando llego a los sitios, necesito tener el primer día para quedar, a lo mejor, con la persona que voy a entrevistar al día siguiente, la persona “gorda” del reportaje, el protagonista. Irme a cenar, no me gusta llegar ahí directamente con la cámara.
Ojalá las teles y las plataformas apuesten más por este tipo de reportajes, al final a la gente le gusta también.
Para terminar, una pregunta que convertiremos en patrón: ¿qué mujer crees que merece nuestra atención?
Uf, tantísimas. Déjame que piense… Hay muchas.
Por ejemplo, me encanta la actriz Ángela Cervantes, me parece bestial. Es la protagonista de La Furia, buah, qué papelón.
[Por su interpretación en La Furia, Ángela Cervantes fue nominada al Goya a Mejor Actriz Protagonista en 2026, el principal galardón del cine español.]